martes, 16 de marzo de 2010

Tenemos la mente de Cristo (1 parte)


El apóstol Pablo en la carta a los Corintios en el capítulo 2 les escribe de la diferencia que existe en el hombre natural y el espiritual.
La percepción que tiene el espiritual de juzgar todas las cosas por El Espíritu mismo. Al final de su pensamiento el indica en el verso 16 “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”

El creyente tiene la mente de Cristo y si tenemos la mente de Cristo por consecuencia actuaremos como él. No debe de haber ninguna duda de que nuestra forma de ser y de actuar debe de corresponder de acuerdo a su MENTE. ¿Cómo era la mente de Cristo? ¿Podemos saber lo que Cristo pensó? Claro, a travéz de su Palabra podemos analizar lo que había en la mente de Cristo por sus palabras y sus hechos.


En el Evangelio de Juan capitulo 4: verso 34 Jesús dejo en claro lo que había en su mente: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.”

Hacer la voluntad de su Padre era lo que había en su mente y acabar la obra que le había encomendado. No tenía otro pensamiento que le alejara de esto. Esto es lo que debe de estar en la mente de cada creyente.


En el mismo Evangelio de Juan en el capítulo 6 nos dice que Jesús alimentó a una multitud de 5 mil varones y en el verso 14 dice: “Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.”

Sin embargo el verso 15 nos dice: “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.”

El entendimiento del Señor fue que venían para apoderarse y hacerle rey solo para su conveniencia. La mente de Cristo rechazo la fama y la riqueza del mundo porque son efímeras . su mente estaba en las cosas eternas. Ser seducidos por la fama y las riquezas de este mundo no es tener la mente de Cristo. El día de hoy cuantos ministros y ministerios son seducidos por ello- de hecho, tal perece que ese es el fin de muchos. Si así hubiera sido, El Señor tuvo la oportunidad ideal para poder hacerse famoso y rey ¿Pero….? ¿Que no fue precisamente esto lo que el enemigo le ofreció y el de manera categórica lo rechazo? Mateo 4:8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.


10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.


La mente de Cristo estaba enfocada en ADORAR y SERVIR únicamente a su Padre. El verdadero creyente tiene su mente en las cosas celestiales y no las terrenales.
Colosenses 3:1-4
" Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.
2 Poned la mira en las cosas de
arriba, no en las de la tierra.
3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. "

La mente de Cristo estaba enfocada en ADORAR y SERVIR únicamente a su Padre. El verdadero creyente tiene su mente en como brindarle la mejor adoración a Dios y en como ser un mejor siervo. Y la mejor forma de traer adoración al padre es en llevar fruto con nuestras vidas transformadas por El.

Juan 15:8 “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”

Mateo 5:16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

La mente de Cristo estaba profundamente centrada en hacer LA VOLUNTAD del Padre. La mente del verdadero creyente debe de estar centrada en lo mismo.

Juan 6:38 "Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me envió.”

El apóstol Juan nos dice:

1 Juan 2:15-17

15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

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